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La Prueba del T.O.D.O.

Hace unos días, escribíamos sobre “la prueba de la N.A.D.A.”: los factores que necesita una idea para ser exitosa (https://carlosyunen.wordpress.com/2014/08/10/una-buena-idea-necesita-nada/). En esta ocasión, complementamos la N.A.D.A. con la prueba del T.O.D.O. Si bien la prueba de la NADA se orienta hacia las condiciones para una buena idea, la prueba del TODO se focaliza en lo que necesita la persona para cristalizar sus ideas en resultados.

En primer lugar, se necesita Talento, entendiendo por “talento” las destrezas y capacidades, no el potencial. Talento significa competencias, conocimiento. Por lo tanto, y contrario a lo que se ha popularizado, el talento es susceptible de ser creado, de ser desarrollado, de ser entrenado. 

Warren Buffet siempre ha aconsejado que sepas de aquello en lo que te estás involucrando, que nunca hagas un negocio ni te involucres en uno del que no conozcas. Es importante desarrollar el talento que tu idea requiere, que tu proyecto demanda, que tu iniciativa precisa. Porque la práctica, no el hábito, hace al monje.

Los deportistas, artistas y personas de negocios no necesariamente nacen con un don especial, genético, ni con componentes especiales en la sangre. No. Simplemente han desarrollado su potencial con base en su trabajo, en su práctica. Las innumerables horas de práctica frente al piano de un Michael Camilo; los incontables lanzamientos al canasto fuera de horas de juego y de práctica regular de un Larry Bird o un Michael Jordan; el continuo dinamismo de la implementación de ideas y de aprendizaje a partir de aciertos y fracasos de un Bill Gates o un Steve Jobs… ésos son los verdaderos precursores del talento.

El felino nace con el instinto, pero solamente la práctica, desde que apenas es un indefenso cachorro, lo convierte en un fino y depurado cazador. 

El segundo elemento en la lista es la Organización. Las personas que más éxito tienen en la vida, son personas con un altísimo sentido de organización. Son personas disciplinadas, con una agenda que siguen fielmente, a la vez que reconocen que la agenda está a su servicio, y no al revés. Son personas con una férrea disciplina, que respetan sus horarios y sus compromisos, tanto hacia los demás como, sobre todo, hacia sí mismos y consigo mismos.

Igualmente, cultivan el arte de actuar conforme a un método, son metódicas, sin dejar de ser flexibles. Visualizan la realidad como la desean, dibujan en su mente el resultado esperado… y establecen un plan y un claro curso de acción para llegar al destino planteado, construyendo dinámicamente el camino para llegar allí, sin pausa, de forma consistente.

Configuran un sistema de trabajo que potencializa la utilización de sus recursos, cual un estratega de guerra que despliega su armada con el más alto sentido de efectividad.

Como parte de su organización y de su método, es imperativo medir, llevar métricas e indicadores, y actuar en consecuencia a lo que estas variables nos van revelando en el curso de nuestro andar.

Por supuesto, para el desarrollo del talento y la potencialización del impacto de la organización, se requiere de una alta dosis de Dedicación. El éxito requiere dedicación, entrega, concentración, enfoque. Dedicación es insistencia; implica una fuerte propensión hacia el compromiso incondicional, obsesivo, con la idea y su realización.

Para la persona dedicada, una caída es una experiencia que le enseña una nueva forma de cómo no hacer la cosas y, por lo tanto, que le ayuda a depurar el método y a mejorar el camino. Esta dedicación que raya en la obsesión, encarna en sus entrañas el fuego del entusiasmo, el cual sólo una indescriptible fe en el desenlace puede sustentar. La persona dedicada no admite desgana; nunca se permite ser ni cómplice ni víctima del desaliento. 

Al mismo tiempo, la dedicación es la simiente y el cimiento de la paciencia. La persona dedicada, entregada, no admite ceder ante la desesperación y la angustia. Es como un árbol firme que afronta y confronta los fenómenos adversos con gallardía y entereza.

La dedicación conlleva la disposición a pagar el precio por el objetivo planteado, y por el resultado que estamos construyendo con nuestro esfuerzo. 

Finalmente, existe la Oportunidad. Pero la oportunidad no es suerte. Por el contrario, la oportunidad es uno de los fundamentos para crear la suerte, llamarla y verla llegar a nuestro lado, radiante y luminosa.

Oportunidad implica estar atentos, conectarnos con el entorno como el águila que puede predecir tormentas y días sin lluvia. Las oportunidades se construyen, se provocan. Se provoca el contacto con la persona clave que puede ser tu socio, tu cliente clave, tu proveedor estratégico. 

Oportunidad significa tener la inteligencia y la astucia para saber hacer las cosas en el momento preciso, de la forma precisa, en el lugar preciso. Es el arte de saber sembrar en el terreno adecuado, de la forma correcta, la semilla precisa. Es la habilidad de hacer vibrar los corazones en la frecuencia de tu idea, y de saber cuestionar, preguntar, inquirir, hasta el punto de someter la propia idea a juicio, y saber reconstruirla si es necesario.

Oportunidad es buscar las opiniones y la información necesaria para depurar y perfeccionar la ejecución, el planteamiento, el camino. Es ver la luz a través de la microscópica rendija que apenas sugiere la existencia de un día soleado al otro lado del muro.

Cuando desarrollas el Talento, con Organización Dedicación, creando y provocando las Oportunidades apropiadas, lo tienes T.O.D.O. para construir el éxito en tu trabajo, en tu empresa, en tu vida, en tu proyecto de ti mismo(a).

 
Carlos J. Yunén 2014; Todos los Derechos Reservados.
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La Estrategia Contraintuitiva

En términos competitivos, las organizaciones establecen estrategias para obtener ventajas competitivas. Por definición, estas ventajas surgen a partir de asimetrías y de imperfecciones creadas en los ambientes competitivos. A mayor asimetría, mayor distancia competitiva. Y a mayor distancia competitiva, mayor rentabilidad. Por el contrario, mientras más se parecen los competidores y sus estrategias, menos asimetría y menos distancia competitiva existe entre ellos, reduciendo las ventajas y las ganancias.


Para crear mayores distancias conviene hacerse impredecible. Como en el deporte, el jugador que sorprende con un movimiento inesperado, desestabiliza a su oponente y gana la atención y el interés de su público. Asimismo, el competidor dinámico, creativo, ágil y flexible, saca de paso a su contrincante, a la vez que gana mayor visibilidad ante su mercado.

Lamentablemente, en un mundo que anda cada vez más rápido y donde se producen cada vez más cambios por unidad de tiempo, se evidencia un desmedido afán por copiar. Quizás, más que un afán, se trata de una necesidad. La misma frenética velocidad de los mercados y de los cambios en preferencias y tecnologías, incentiva a las organizaciones a adoptar las salidas rápidas, la copia elegante o la adaptación maquillada de una idea ya probada por otros. 

Los mismos métodos tradicionales de la llamada “planificación estratégica” se fundamentan más en mirar hacia los lados (lo que otros están haciendo, diciendo, esperando o prefiriendo) que hacia delante (provocar nuevas realidades, crear nuevos escenarios, desestabilizar creativamente los mercados). Y así se perpetúa la cadena depredadora y autodestructiva fundamentada en la comparación y la adaptación reactiva.

Se requiere un planteamiento nuevo. Se requiere de un coraje apasionado que mueva a las organizaciones a romper la linealidad de las proyecciones y de las predicciones. Se requiere quebrar creativamente la continuidad enfermiza de las curvas evolutivas de los sectores en que compiten los negocios de hoy día.

Y se requiere nuevos métodos y herramientas para diseñar este nuevo tipo de estrategias.

Para alcanzar ventajas competitivas verdaderas hay que ir en contra de lo esperado; hay que plantearse – y realizar – acciones que vayan en contra de la corriente de lo usual, de lo aceptado, de lo convencional. Hay que generar movimientos que desestabilicen el status quo de su sector. Hay que mover el balón por donde nadie se lo espera, por ese canal inesperado, o mediante esa jugada arriesgada. Hay que saber hacer la jugada que nunca se ha escrito, hasta ahora.

Conviene desarrollar, establecer y cosechar estrategias y acciones contraintuitivas. 

Los originales son interesantes. Las copias, muy aburridas.
 
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